Conectivas | Octubre de 2026
Hay espacios donde se habla de discapacidad, pero no siempre se escucha a quienes vivimos las barreras de exclusión y nos organizamos para transformarlas. Este año, gracias al apoyo de WEI, Conectivas participó por primera vez en el Foro Centroamericano de Donantes (CADF), llevando la voz y las propuestas políticas de las mujeres con discapacidad a una conversación sobre cooperación, financiamiento y cambio social.
Facilitamos una mesa de networking sobre mujeres y discapacidad e invitamos a organizaciones de mujeres con discapacidad y organizaciones que prestan servicios a personas con discapacidad.
Queríamos encontrarnos, compartir experiencias y explorar cómo fortalecer un trabajo que, desde distintos lugares, puede contribuir a una misma causa: garantizar nuestros derechos y transformar las condiciones que producen exclusión.
La conversación parte de una convicción: las mujeres con discapacidad no somos únicamente destinatarias de servicios o proyectos. Somos sujetas de derechos, construimos organizaciones, impulsamos agendas políticas y tenemos capacidad para liderar los cambios que nos afectan.
Reconocerlo no significa desconocer el trabajo de las organizaciones que prestan servicios. Significa abrir una relación más sólida entre quienes acompañan procesos de atención y quienes, desde la experiencia propia y la organización colectiva, impulsamos la defensa de derechos. Podemos compartir conocimientos, construir alianzas y ampliar nuestro alcance si nuestras voces y nuestro liderazgo tienen un lugar real en las decisiones. La experiencia de las mujeres con discapacidad debe orientar las conversaciones sobre nuestras vidas, prioridades y derechos.
Esta articulación es especialmente importante en un contexto de avance de los movimientos antiderechos. Durante el CADF, también apoyamos la charla relámpago de WEI sobre los desafíos que enfrentamos las mujeres con discapacidad ante estos movimientos y conversamos con distintos actores sobre las posibilidades de fortalecer respuestas desde el feminismo y los derechos humanos.
La discapacidad no puede seguir siendo una agenda aparte
En nuestros intercambios con donantes apareció una dificultad recurrente: aunque existe interés en apoyar iniciativas sobre discapacidad, no siempre se identifica cómo integrar esta perspectiva en los programas que ya financian. La discapacidad continúa apareciendo como un tema especializado, separado de las discusiones sobre democracia, igualdad de género y protección del espacio cívico.
Esta separación limita las oportunidades de participación y financiamiento de las organizaciones de mujeres con discapacidad, pero también empobrece las agendas de los movimientos sociales. No es posible hablar de igualdad de género sin considerar las barreras que enfrentamos las mujeres con discapacidad, ni defender una democracia inclusiva si nuestras organizaciones quedan fuera de las decisiones.
Necesitamos recursos específicos para fortalecer nuestras organizaciones y sostener nuestro liderazgo. Al mismo tiempo, los programas existentes deben incorporar la accesibilidad y nuestra participación desde el diseño, con presupuestos y objetivos concretos. No basta con mencionarnos en una propuesta: necesitamos formar parte de las conversaciones, las alianzas y las decisiones.
También debemos hablar de las condiciones materiales que hacen posible participar. Llegar a un foro no garantiza que podamos permanecer en él en igualdad. Se requieren espacios accesibles para descansar, atender necesidades de higiene corporal y menstrual y reducir la exposición al ruido y a la multitud. La accesibilidad no es un complemento logístico; es una condición para ejercer nuestros derechos.
Construir alianzas sin dejar a nadie atrás
La participación de Conectivas en el CADF nos permitió acercar experiencias, ampliar conversaciones y poner en común desafíos que requieren respuestas colectivas. Agradecemos a WEI por el apoyo y la asistencia técnica que hicieron posible esta experiencia, abriendo espacio sin ocupar nuestro lugar.
Queremos que estos encuentros se traduzcan en relaciones de colaboración duraderas entre organizaciones de mujeres con discapacidad, organizaciones que prestan servicios, movimientos feministas y donantes. Alianzas que reconozcan los aportes de cada actor, pero que también garanticen que las personas con discapacidad podamos definir nuestras prioridades y liderar las decisiones sobre nuestros derechos.
Porque una mesa propia no significa sentarnos separadas de las demás. Significa participar en condiciones de igualdad, aportar desde nuestra experiencia y tener capacidad para influir en lo que se discute, en cómo se decide y en dónde se invierten los recursos.
En el CADF dimos un paso para ampliar esa conversación. El desafío ahora es que nuestra presencia deje de ser excepcional y que el liderazgo de las mujeres con discapacidad sea parte de la manera en que construimos movimientos, distribuimos recursos y defendemos la democracia.









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