Cuerpo y teatro

Todo empezó en el 2025, este número ha estado presente en mi vida de muchas maneras. Soy del 25 del mes número cinco de 1995, y en el 2025 llegó el trabajo y el regalo de mis sueños. Siempre habían pasado muchas escenas de hacer teatro por mi mente, muchas imaginaciones de estar en un escenario, pero jamás pensé que en el 2025 estaría ahí.

Había una convocatoria y ¿qué creen? Solo se necesitaba tener discapacidad y muchos deseos de aprender. Y claro, yo tenía eso, y muchísimo, y muy grande, que inundaba todo mi ser. Entonces apliqué, me quedé y soy parte de las cinco artistas educadoras que fueron a presentar una obra en diferentes comunidades de Sololá, Panajachel y Totonicapán.

A pesar de que yo me veía en el escenario, siempre tenía nervios, miedo de que no tuviera esa capacidad, porque no me sentía creativa. Pero hoy he descubierto que todo eso está en mi interior, y que solo fue cuestión de ir presionando esos botones internos que tenía ahí sin presionar, que fueron destapando; despertando todo en mí y que fluyera todo.

Para mí, el teatro se convirtió no solo en un sueño cumplido, sino también en el de conocer mi esencia, el de saber que no solo con palabras me puedo comunicar. Aprendí a expresarme más con el cuerpo, con los sonidos, con la boca, que todas las expresiones aportan y complementan.

Mi primera experiencia fue hacer un animal con el cuerpo, y me pareció normal, como si ya hubiera hecho esa actividad. Pero la segunda fue como armar un aparato electrónico, y me sorprendí. Mi percepción se amplió cuando me imaginé cómo podíamos armar con las demás compañeras un aparato electrónico. Surgió la idea de hacer una cafetera, y fue bien chistoso que hasta tenía tomacorriente, hasta tenía la conexión. Y una compañera prestó su cuerpo para hacer esa parte. Yo era como el pichelito donde cae el café, otra compañera era el café que caía y otra compañera era el cuerpo de la cafetera… No sé, fue tan genial.

Las veces que yo me imaginaba pisar escenarios… Y aunque no tenía bien una imagen clara, este año pisé escenarios, pero no sola, con más compañeras. Y mis pasos fueron fuertes, resilientes, en colectividad.

Este sueño también trajo retos, como adaptarme al escenario y moverme con confianza. Con el apoyo de una compañera, recorríamos el escenario, yo contaba cuántos pasos tenía que dar para moverme dentro del espacio. En una parte de la obra, usábamos botes y yo tenía que oír bien dónde quedaban esos botes para no chocarme. Mi miedo era grande, como toparme y que todo mundo se diera cuenta, pero gracias a Dios eso no pasó. Había una tela que yo pisaba que dividía el escenario, y era mi señal para sentir que ya se terminaba… Ustedes no se imaginan, pero sí tenía miedo.

Recibimos talleres intensivos y fue increíble sentir que mi voz era escuchada y mis ideas tomadas en cuenta. La experiencia del vestuario fue un punto clave de mi creatividad, me demostré a mí misma sobre todo que soy creativa. Me dijeron metafóricamente cómo era para mí ser un líder comunitario y elegí un gallo, me imagino que así era un líder. Me dieron los materiales e hice la capa, triangular, con plumas dispersas, y quedó espectacular. También pintamos un mural donde nos representamos las cinco artistas, y yo pinté sobre tela, algo que nunca había hecho.

Recibir las herramientas, información, apoyo de las compañeras facilitadoras, artistas y mis compañeras, fue muy hermoso. El espacio es muy agradable y cómodo. Pero ¿qué pasa cuando los espacios no tienen esto? Toca demostrarte a ti misma, llenarte de valentía, poner la frente y los puños en alto, y salir a avanzar. Porque hay puertas que se van a abrir, oportunidades, gente que apoya, gente que busca resiliencia. ¡Vamos a avanzar!

Feliz día internacional del teatro, que ya pasó, pero seguimos en el mes del teatro. Hay mucha gente que expresa con su cuerpo, con el arte, muchas formas hermosas de la vida. Estoy muy feliz por saber que otros escenarios me esperan, ¿en qué otro lugar?, ¿en qué otra parte del mundo? Todo lo que sigue para mí, me siento preparada, fuerte, feliz, apoyada, muy bien acompañada.

Autora: Isela Monroy.

Isela está de pie frente a un fondo oscuro, vistiendo una camiseta verde y una falda larga de indumentaria maya. Tiene los brazos extendidos hacia adelante, con las manos inclinadas hacia abajo. A su lado, cuelga un huipil hecho de papel.

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