Hoy juega Brasil.
Y sí, una quisiera concentrarse únicamente en el partido: si Brasil entra fino, si aparece Neymar, si lo describen bien, si el pelo viene con drama propio, si la celebración trae coreografía o si alguien se tira al suelo con más actuación que falta. Pero hoy, además del partido, hay otra cosa interesante: el Mundial 2026 se puede seguir con audiodescripción.
Entonces una entra a ver la noticia con la noble intención de instalar la app, revisar cómo funciona y seguir con su vida. Pero claro, una no tiene paz intelectual. A los cinco minutos ya está pensando: “¿Y esto de dónde salió? ¿Quién lo empujó? ¿Por qué ahora? ¿Por qué en español? ¿Esto fue innovación, presión, moda, legado, inclusión o todo junto?”
Y aquí estamos.
No es que una no tenga nada que hacer. Es que cuando aparece una noticia así, cuesta no seguirle el hilo. Además, me acordé de la famosa teoría del derrame, esa idea que Will Rogers volvió célebre al burlarse de que si se le daba agua al caballo, algún día algo le llegaría al gorrión. La teoría siempre ha sido bastante discutible, pero esta vez pensé: si algo bueno se instala en un evento gigante como el Mundial, ojalá sí rebalse hacia nuestras ligas, nuestros canales, nuestros estadios y nuestras formas todavía bastante pobres de pensar quién tiene derecho a disfrutar el fútbol completo.
La noticia concreta es esta: FIFA anunció que todos los partidos del Mundial 2026 tendrán comentario audiodescriptivo, al igual que las ceremonias de apertura y clausura. El servicio se escuchará mediante la aplicación FIFA Audio Description. En Canadá estará disponible en inglés y francés; en Estados Unidos y México, en inglés y español.
Ese último dato es el que me parece especialmente importante para nuestra región. Porque la accesibilidad no es solo que exista una herramienta. También importa en qué idioma existe, para quién fue pensada y qué públicos reconoce. Después de Qatar 2022, donde la audiodescripción estuvo disponible en árabe e inglés, era difícil imaginar un Mundial 2026 en México, Estados Unidos y Canadá dejando fuera el español. No porque el español sea un gesto bonito, sino porque sería absurdo hablar de accesibilidad en un torneo con sede mexicana, con millones de aficionados latinoamericanos y con una población hispanohablante enorme en Estados Unidos, sin incluir la lengua en la que muchas personas viven, narran y sienten el fútbol.
La audiodescripción no es una transmisión deportiva normal. La radio cuenta muy bien muchas cosas: el pase, el remate, la falta, el gol, la emoción. Pero no siempre cuenta lo visual. No siempre describe cómo se acomoda un jugador antes de patear, cómo reacciona el banquillo, qué gesto hace el árbitro, cómo se mueve la defensa sin pelota, qué pasa en la grada o cómo cambia el cuerpo de un equipo cuando empieza a perder el control del partido.
La audiodescripción entra en ese espacio. No viene a quitarle magia al relato deportivo, sino a completar la escena. Para una persona ciega o con baja visión, puede hacer la diferencia entre saber que pasó algo y entender cómo pasó. Y en el fútbol, el cómo casi siempre importa tanto como el qué.
Este camino no empezó en 2026.
Uno de los antecedentes más claros está en Brasil 2014. En aquel Mundial, FIFA impulsó comentario audiodescriptivo en estadios seleccionados, junto con CAFE, el Centre for Access to Football in Europe, y Urece Esporte e Cultura, una organización brasileña vinculada al deporte y la cultura para personas ciegas y con baja visión. El servicio se ofreció en portugués en ciudades como Belo Horizonte, Brasilia, Río de Janeiro y São Paulo.
Ese antecedente tiene algo hermoso y muy político, aunque no haga falta decirlo con solemnidad: las personas ciegas no tenían que estar apartadas en una zona especial para poder escuchar la descripción. La idea era que pudieran estar en distintos lugares del estadio, con su familia, con sus amistades, con su grupo, viviendo el partido donde les tocara vivirlo. Porque el fútbol no es solo información. Es compañía, conversación, grito, molestadera, memoria y pertenencia.
Brasil 2014 también dejó otra lección: describir fútbol no es simplemente hablar más. Hay que saber mirar para narrar. Hay que entender el juego, escoger qué detalles importan, medir el ritmo, no atropellar la jugada, no llenar de palabras lo que necesita aire, pero tampoco dejar vacía la escena. La buena audiodescripción tiene algo de periodismo, algo de técnica, algo de oído y algo de poesía práctica.
Después vino Qatar 2022. FIFA informó que la audiodescripción estuvo disponible mediante una aplicación y que el servicio se ofreció en árabe e inglés. También se documentó la participación de Hamad Bin Khalifa University, a través de su Translation and Interpreting Institute, junto con CAFE, en la formación de comentaristas.
Qatar es importante para entender lo que pasa ahora con el español. Si allí se reconoció que el idioma local importaba, en 2026 la pregunta era inevitable: ¿cómo hacer accesible un Mundial en México y Estados Unidos sin español? La respuesta, esta vez, fue correcta. El español entra. Y con eso no solo entra una lengua; entra una región, una comunidad migrante, una memoria futbolera compartida y una enorme cantidad de personas que no deberían depender de relatos incompletos para seguir el evento deportivo más visto del planeta.
Luego llegó el Mundial de Clubes 2025 como otro ensayo. FIFA lo presentó como parte de su ruta hacia torneos más inclusivos, con comentario audiodescriptivo gratuito en determinados estadios y con procesos de formación para comentaristas profesionales, audiodescriptores y jóvenes comunicadores. Es decir, la cosa no apareció de pronto como una app caída del cielo. Hay una acumulación: pruebas, aprendizajes, alianzas, entrenamiento y una comprensión cada vez más clara de que la accesibilidad no se improvisa el día del partido.
También hay un elemento reciente que vale la pena mencionar: el Consejo Asesor de Accesibilidad del Mundial 2026. FIFA anunció este espacio como parte del proceso para recibir orientación de personas con discapacidad de los países sede. Además, Tiffany Yu publicó en LinkedIn que forma parte de ese Consejo Asesor y mencionó a otras personas integrantes, entre ellas Lex Gillette, Jeremy Lee Stone, Vasu Sojitra, Haley Moss, Emanuel Franco Garibay Gómez y Carla Qualtrough.
Ese dato me parece relevante porque muestra que no estamos hablando solamente de una decisión técnica tomada desde una oficina. Hay personas con experiencia vivida, trayectoria pública y conocimiento en discapacidad alrededor de la conversación. Ojalá eso también se traduzca en pruebas reales, buena calidad en español, una app usable con lectores de pantalla y mecanismos para corregir fallas durante el torneo. Porque una cosa es anunciar accesibilidad y otra cosa es que funcione cuando el estadio ruge, el internet se pone dramático y una solo quiere saber si Brasil acaba de armar una jugada preciosa o si alguien se cayó con mucho teatro.
La aplicación también cambia el alcance del servicio. Antes, muchas experiencias de audiodescripción dependían de equipos físicos que había que recoger en el estadio, usar durante el partido y devolver al final. Eso podía funcionar, pero también generaba barreras. Con una app, la persona puede usar su propio teléfono y sus propios audífonos. Y aunque el servicio está pensado principalmente para quienes estén en el estadio, también puede usarse desde casa o desde cualquier lugar.
Eso abre una posibilidad muy bonita: escuchar la audiodescripción mientras la familia ve la televisión, mientras un grupo de amistades comenta el partido, mientras alguien sigue el juego desde una reunión, un bar, una sala o una tarde cualquiera. Puede haber desfases con la señal de televisión, sobre todo si se ve por streaming, pero aun así la herramienta permite algo poderoso: que la persona ciega no dependa únicamente de que alguien al lado le diga “uy, casi”, “qué buena jugada” o “después te explico”.
No. La idea es que pueda estar ahí, en tiempo real, con más información y con más autonomía.
Y aquí vuelvo a la teoría del derrame, perdón a los economistas presentes. Como promesa económica siempre me pareció bastante tramposa: eso de esperar que lo de arriba rebalse hacia abajo suele terminar en mucha espera y poco rebalse. Pero en accesibilidad tal vez podemos darle una vuelta menos ingenua y más estratégica. Si un evento gigante como el Mundial empieza a instalar la audiodescripción como parte de su experiencia oficial, entonces se vuelve más difícil que otros eventos sigan diciendo que no se puede.
Si FIFA puede hacerlo en un torneo de 104 partidos, en varios países, con múltiples idiomas y estadios llenos, entonces las federaciones nacionales, canales de televisión, plataformas deportivas y organizadores de eventos tienen menos excusas. No significa que mañana todo cambie por arte de magia. No seamos tan optimistas, que una también ya vivió suficiente. Pero sí significa que hay un precedente. Y los precedentes sirven para incomodar.
Sirven para preguntar por qué una final nacional no tiene audiodescripción. Por qué una transmisión pública no la ofrece. Por qué un estadio no piensa en esto. Por qué una plataforma deportiva cree que accesibilidad es solo poner subtítulos automáticos cuando se acuerda. Por qué el fútbol, que tanto habla de pasión popular, todavía deja fuera a tanta gente de la experiencia completa.
Hoy juega Brasil. Y claro, una puede querer saber si Neymar aparece, si lo describen con justicia estética, si la camiseta brilla, si la celebración trae drama o si el árbitro vuelve a ser protagonista sin que nadie lo haya invitado. Pero detrás de eso hay algo más grande: la posibilidad de que las imágenes del fútbol también lleguen por palabras.
Y que lleguen en español importa.
Porque el fútbol no es solo lo que se ve. También es lo que se cuenta. Y cuando se cuenta bien, con detalle, con ritmo, con intención y en el idioma de la gente, el partido deja de ser una escena ajena y se vuelve una experiencia compartida.
Ojalá este Mundial no sea una excepción. Ojalá sea el inicio de una costumbre. Ojalá el famoso derrame, esta vez, sí caiga donde tiene que caer: en nuestras ligas, nuestras transmisiones, nuestros estadios y nuestras maneras de entender que la accesibilidad no es un lujo ni una ocurrencia.
Es, simplemente, una forma más justa de vivir el juego.
Autora: Zilpa Arriola.









