Una advertencia, no retroceder y sostenernos juntas

“El haber sido víctima de ataque virtual puso en riesgo mi trabajo y mi reputación”.  

Esto no fue un episodio aislado. Fue una advertencia sobre lo que implica defender derechos en este contexto.

Pahola Solano es abogada, con una maestría en derechos humanos, conferencista con temas académicos, pero también como ejemplo con su historia de vida.

Empecé a estudiar la abogacía dado que me daba cuenta de las múltiples vulneraciones que eran víctimas las personas con discapacidad y había muy pocas personas que defendían esos derechos, de esa manera empecé a alzar la voz dentro de la Universidad, especialmente en mi Facultad; sin embargo, para esa época no era parte de ningún movimiento ni organización. 

Aquí lo colectivo no es un acompañamiento, es una forma de sostener la acción política. 

Por un momento pensé que me iba a dedicar a ser fiscal o a ser juez, pero en algún momento mi vida tomó un giro y empecé a trabajar en la Procuraduría de los Derechos Humanos, es ahí donde me apasioné con el tema de derechos humanos, aunque para ese momento ignoraba mucho de los derechos de las personas con discapacidad; sin embargo, en mi camino conocí personas expertas en el tema como Zilpa Arriola, Silvia Quan, entre otras, y personas como Byron Pernilla, quien me sumó a su equipo en la Asociación de Personas Productivas con Discapacidad -ASODISPRO-, lo que hizo que se despertará mi interés por aprender sobre los derechos de este grupo poblacional y la pasión por defenderlos. 

Empecé a envolverme más en los espacios diseñados para este aprendizaje y es así que al graduarme como abogada ya tenía definido que quería especializarme en los derechos humanos, pero especialmente de las personas con discapacidad. Este interés aumentó cuando trabajé como abogada para la Procuraduría General de la Nación, en la Unidad de Protección de los Derechos de la Mujer, Adulto Mayor y Personas con Discapacidad, donde fui parte de mucho trabajo con el Gobierno y con sociedad civil. 

“Mi meta es que dejen de vernos como cifras de ‘vulnerabilidad’ y empiecen a vernos como actoras políticas”. 

Esto no empezó en Países Bajos. Empezó cuando sostenerse, también implicó protegerse. 

Para mí, esto representa, visibilidad; ya que se rompe con la idea de que las mujeres con discapacidad, no somos solo receptoras de ayuda, sino somos agentes de cambio político y social. Además, seguridad y fortalecimiento, ya que es un espacio seguro para recargar energías y profesionalizar mi labor sin el riesgo constante que enfrento en mi entorno habitual, dado que como es de conocimiento, el haber sido víctima de ataque virtual puso en riesgo mi trabajo y mi reputación.

Como mujer defensora con discapacidad, llegar a Shelter City no es solo un descanso necesario; es un reconocimiento a que nuestras luchas también cuentan y que mi voz merece ser escuchada en espacios internacionales. Esta es una oportunidad transformadora.

Al estar aquí, mi intención es llevar las voces de quienes enfrentan barreras que a veces son invisibles en estas regiones. En esos espacios, quiero poner sobre la mesa tres puntos que considero urgentes:

• La interseccionalidad vivida: No solo somos mujeres con discapacidad; también algunas viven en el área rural, otras son migrantes, otras son parte de la diversidad sexual, etc. Quiero que entiendan que nuestras luchas no se pueden fragmentar, ya que la exclusión por discapacidad en Guatemala está profundamente ligada al racismo y a la falta de servicios básicos.

• La resistencia ante la institucionalidad ausente: Compartir cómo hemos creado redes de apoyo y cuidados autogestionados al tener un Estado ausente que no garantiza los derechos mínimos. Es pasar de la narrativa de la «víctima» a la de la mujer que propone y sostiene comunidades.

• El acceso a la justicia y la violencia: Visibilizar que las mujeres con discapacidad en mi país enfrentan niveles alarmantes de violencia, y que las rutas de denuncia casi nunca son accesibles. Necesitamos que la cooperación internacional priorice estas realidades en sus agendas de incidencia.

“Mi meta es que dejen de vernos como cifras de «vulnerabilidad» y empiecen a vernos como actoras políticas con un conocimiento situado que puede enriquecer el movimiento global”. 

Cuando una llega a estos espacios, no llega sola, llega todo lo que tuvo que existir para que fuera posible. 

“Tejer este camino con Conectivas, ha sido entendernos como parte de una fuerza colectiva”. 

Para mí, tejer este camino con Conectivas ha sido, ante todo, un ejercicio de reconocimiento. Empezar a articularnos con otras mujeres con discapacidad significa dejar de vernos como una lucha individual para entendernos como parte de una fuerza colectiva. Ha sido sanador encontrar ecos de mis propias vivencias en las de otras, transformando la experiencia individual en una estrategia política común.

Espero aprender técnicas avanzadas de protección digital y física adaptadas a mi condición para seguir mi labor de forma más resiliente. Además, adquirir herramientas para elevar mis denuncias ante organismos europeos y de la ONU, y conectar con otros defensores para crear alianzas interseccionales que fortalezcan el movimiento de derechos humanos y discapacidad a nivel global.

Creo que construir espacios propios es vital porque históricamente otros han pensado y decidido por nosotras. Tener un lugar de pensamiento e incidencia exclusivo nos permite nombrar nuestra realidad con nuestras propias palabras, sin intermediarios; también politizar nuestras vivencias, entendiendo que nuestras barreras no son fallas personales, sino fallas del sistema, y fortalecer nuestra autonomía para proponer soluciones que realmente respondan a nuestras necesidades y deseos. 

“Es en estos espacios donde dejamos de ser ‘objetos de cuidado’ para convertirnos en sujetos de cambio”. 

No estamos llevando historias. Estamos moviendo agendas. 

Al regresar, imagino que esta experiencia será un catalizador para profundizar nuestra incidencia. Shelter City no es solo un respiro, sino una oportunidad de adquirir herramientas que quiero poner al servicio de lo colectivo.

Mi meta es compartir estrategias de seguridad y autocuidado que aprendí aquí para que en Conectivas y otras redes podamos sostener nuestra lucha sin desgastarnos. Un liderazgo que no se cuida no es sostenible, y quiero que aprendamos a protegernos juntas frente a la hostilidad del entorno.

“Quiero transmitir esa confianza a mis compañeras… que se sientan capaces de ocupar puestos de decisión”. 

Actualmente, me considero activista en el tema, soy vicepresidenta de ASODISPRO, pero también orgullosamente soy parte de Conectivas, las cuales me han abierto puertas no solo a nivel nacional sino también internacional, obteniendo más conocimiento sobre los derechos humanos, pero también compartiendo experiencias.

Además, estoy segura que regresaré con una agenda de contactos y alianzas internacionales que servirán de plataforma para que las demandas de las mujeres con discapacidad en Guatemala no se queden solo en lo local, sino que resuenen en espacios de derechos humanos fuera del país. De igual manera, esta estancia me permitirá ver nuestra lucha desde afuera y reconocer nuestro valor, y quiero transmitir esa confianza a mis compañeras de Conectivas, y que se sientan capaces de ocupar puestos de decisión, de cuestionar políticas públicas y de liderar procesos de defensa del territorio y del cuerpo con una visión renovada y estratégica.

“Volveré no solo con más conocimientos, sino con la convicción de que nuestra voz es necesaria para transformar el sistema de derechos humanos en Guatemala”. 

Y esta vez, no vamos a pedir espacio. Lo estamos ocupando.

Autora: Pahola Solano.

Paho está sentada en una silla de ruedas sobre una acera amplia y recta, en un día soleado. Lleva una chaqueta rosada y pantalones oscuros. A ambos lados del camino hay árboles altos sin muchas hojas y césped verde. A la derecha se ve un canal de agua junto a un edificio residencial, y a la izquierda pasa una calle con algunos coches.



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