Autor: conectivas-administrador

  • Una advertencia, no retroceder y sostenernos juntas

    “El haber sido víctima de ataque virtual puso en riesgo mi trabajo y mi reputación”.  

    Esto no fue un episodio aislado. Fue una advertencia sobre lo que implica defender derechos en este contexto.

    Pahola Solano es abogada, con una maestría en derechos humanos, conferencista con temas académicos, pero también como ejemplo con su historia de vida.

    Empecé a estudiar la abogacía dado que me daba cuenta de las múltiples vulneraciones que eran víctimas las personas con discapacidad y había muy pocas personas que defendían esos derechos, de esa manera empecé a alzar la voz dentro de la Universidad, especialmente en mi Facultad; sin embargo, para esa época no era parte de ningún movimiento ni organización. 

    Aquí lo colectivo no es un acompañamiento, es una forma de sostener la acción política. 

    Por un momento pensé que me iba a dedicar a ser fiscal o a ser juez, pero en algún momento mi vida tomó un giro y empecé a trabajar en la Procuraduría de los Derechos Humanos, es ahí donde me apasioné con el tema de derechos humanos, aunque para ese momento ignoraba mucho de los derechos de las personas con discapacidad; sin embargo, en mi camino conocí personas expertas en el tema como Zilpa Arriola, Silvia Quan, entre otras, y personas como Byron Pernilla, quien me sumó a su equipo en la Asociación de Personas Productivas con Discapacidad -ASODISPRO-, lo que hizo que se despertará mi interés por aprender sobre los derechos de este grupo poblacional y la pasión por defenderlos. 

    Empecé a envolverme más en los espacios diseñados para este aprendizaje y es así que al graduarme como abogada ya tenía definido que quería especializarme en los derechos humanos, pero especialmente de las personas con discapacidad. Este interés aumentó cuando trabajé como abogada para la Procuraduría General de la Nación, en la Unidad de Protección de los Derechos de la Mujer, Adulto Mayor y Personas con Discapacidad, donde fui parte de mucho trabajo con el Gobierno y con sociedad civil. 

    “Mi meta es que dejen de vernos como cifras de ‘vulnerabilidad’ y empiecen a vernos como actoras políticas”. 

    Esto no empezó en Países Bajos. Empezó cuando sostenerse, también implicó protegerse. 

    Para mí, esto representa, visibilidad; ya que se rompe con la idea de que las mujeres con discapacidad, no somos solo receptoras de ayuda, sino somos agentes de cambio político y social. Además, seguridad y fortalecimiento, ya que es un espacio seguro para recargar energías y profesionalizar mi labor sin el riesgo constante que enfrento en mi entorno habitual, dado que como es de conocimiento, el haber sido víctima de ataque virtual puso en riesgo mi trabajo y mi reputación.

    Como mujer defensora con discapacidad, llegar a Shelter City no es solo un descanso necesario; es un reconocimiento a que nuestras luchas también cuentan y que mi voz merece ser escuchada en espacios internacionales. Esta es una oportunidad transformadora.

    Al estar aquí, mi intención es llevar las voces de quienes enfrentan barreras que a veces son invisibles en estas regiones. En esos espacios, quiero poner sobre la mesa tres puntos que considero urgentes:

    • La interseccionalidad vivida: No solo somos mujeres con discapacidad; también algunas viven en el área rural, otras son migrantes, otras son parte de la diversidad sexual, etc. Quiero que entiendan que nuestras luchas no se pueden fragmentar, ya que la exclusión por discapacidad en Guatemala está profundamente ligada al racismo y a la falta de servicios básicos.

    • La resistencia ante la institucionalidad ausente: Compartir cómo hemos creado redes de apoyo y cuidados autogestionados al tener un Estado ausente que no garantiza los derechos mínimos. Es pasar de la narrativa de la «víctima» a la de la mujer que propone y sostiene comunidades.

    • El acceso a la justicia y la violencia: Visibilizar que las mujeres con discapacidad en mi país enfrentan niveles alarmantes de violencia, y que las rutas de denuncia casi nunca son accesibles. Necesitamos que la cooperación internacional priorice estas realidades en sus agendas de incidencia.

    “Mi meta es que dejen de vernos como cifras de «vulnerabilidad» y empiecen a vernos como actoras políticas con un conocimiento situado que puede enriquecer el movimiento global”. 

    Cuando una llega a estos espacios, no llega sola, llega todo lo que tuvo que existir para que fuera posible. 

    “Tejer este camino con Conectivas, ha sido entendernos como parte de una fuerza colectiva”. 

    Para mí, tejer este camino con Conectivas ha sido, ante todo, un ejercicio de reconocimiento. Empezar a articularnos con otras mujeres con discapacidad significa dejar de vernos como una lucha individual para entendernos como parte de una fuerza colectiva. Ha sido sanador encontrar ecos de mis propias vivencias en las de otras, transformando la experiencia individual en una estrategia política común.

    Espero aprender técnicas avanzadas de protección digital y física adaptadas a mi condición para seguir mi labor de forma más resiliente. Además, adquirir herramientas para elevar mis denuncias ante organismos europeos y de la ONU, y conectar con otros defensores para crear alianzas interseccionales que fortalezcan el movimiento de derechos humanos y discapacidad a nivel global.

    Creo que construir espacios propios es vital porque históricamente otros han pensado y decidido por nosotras. Tener un lugar de pensamiento e incidencia exclusivo nos permite nombrar nuestra realidad con nuestras propias palabras, sin intermediarios; también politizar nuestras vivencias, entendiendo que nuestras barreras no son fallas personales, sino fallas del sistema, y fortalecer nuestra autonomía para proponer soluciones que realmente respondan a nuestras necesidades y deseos. 

    “Es en estos espacios donde dejamos de ser ‘objetos de cuidado’ para convertirnos en sujetos de cambio”. 

    No estamos llevando historias. Estamos moviendo agendas. 

    Al regresar, imagino que esta experiencia será un catalizador para profundizar nuestra incidencia. Shelter City no es solo un respiro, sino una oportunidad de adquirir herramientas que quiero poner al servicio de lo colectivo.

    Mi meta es compartir estrategias de seguridad y autocuidado que aprendí aquí para que en Conectivas y otras redes podamos sostener nuestra lucha sin desgastarnos. Un liderazgo que no se cuida no es sostenible, y quiero que aprendamos a protegernos juntas frente a la hostilidad del entorno.

    “Quiero transmitir esa confianza a mis compañeras… que se sientan capaces de ocupar puestos de decisión”. 

    Actualmente, me considero activista en el tema, soy vicepresidenta de ASODISPRO, pero también orgullosamente soy parte de Conectivas, las cuales me han abierto puertas no solo a nivel nacional sino también internacional, obteniendo más conocimiento sobre los derechos humanos, pero también compartiendo experiencias.

    Además, estoy segura que regresaré con una agenda de contactos y alianzas internacionales que servirán de plataforma para que las demandas de las mujeres con discapacidad en Guatemala no se queden solo en lo local, sino que resuenen en espacios de derechos humanos fuera del país. De igual manera, esta estancia me permitirá ver nuestra lucha desde afuera y reconocer nuestro valor, y quiero transmitir esa confianza a mis compañeras de Conectivas, y que se sientan capaces de ocupar puestos de decisión, de cuestionar políticas públicas y de liderar procesos de defensa del territorio y del cuerpo con una visión renovada y estratégica.

    “Volveré no solo con más conocimientos, sino con la convicción de que nuestra voz es necesaria para transformar el sistema de derechos humanos en Guatemala”. 

    Y esta vez, no vamos a pedir espacio. Lo estamos ocupando.

    Autora: Pahola Solano.

    Paho está sentada en una silla de ruedas sobre una acera amplia y recta, en un día soleado. Lleva una chaqueta rosada y pantalones oscuros. A ambos lados del camino hay árboles altos sin muchas hojas y césped verde. A la derecha se ve un canal de agua junto a un edificio residencial, y a la izquierda pasa una calle con algunos coches.



  • El hilo rojo de la amistad

    Existe una leyenda, que dice que las personas que están destinadas a encontrarse, están unidas por un hilo rojo invisible. El hilo puede tensarse, enredarse o doler, pero no se rompe. Me gusta pensar que ese hilo no habla de destino, sino de vínculos que se eligen y se cuidan. De afectos que sostienen cuando la vida pesa. Desde ahí escribo: desde la amistad como refugio, como fuerza política y como la forma más honesta que he encontrado de permanecer.

    Este año caí en cuenta de algo que me estremeció… llegué a la discapacidad, casi al mismo tiempo que el mundo empezaba a hablar de nuestros derechos en serio. Tenía 18 años cuando entré a una rehabilitación, que no viví como una renuncia, sino como una esperanza de autonomía. Y también era el momento en que nacía la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. Muchas veces he dicho (en foros, en clases, en espacios académicos) que esa Convención fue nuestra revolución francesa, el momento en que empezamos a ser nombradas como ciudadanas. Lo he dicho con convicción, pero hoy, 20 años después, siento el peso de decirlo y seguir esperando.

    Han pasado dos décadas en las que el discurso de la inclusión se volvió popular, correcto y repetible. Está en todos lados. Pero la transformación real sigue siendo lenta y en medio de la crisis actual de la cooperación internacional, siento que, como personas con discapacidad estamos retrocediendo peligrosamente hacia un modelo donde “todos se salvan, menos los discas.” Donde el mérito individual vuelve a imponerse, donde el privilegio se disfraza de esfuerzo personal, y donde el cansancio se invisibiliza porque “deberíamos estar agradecidas.”

    En estos veinte años he hecho amigas y amigos que son, al mismo tiempo, compañeras y compañeros de lucha. Personas con las que comparto barreras, contradicciones, avances y retrocesos. Hemos aprendido que, aunque nuestras trayectorias sean distintas, las heridas suelen parecerse. Incluso quienes ocupamos espacios de privilegio hemos sentido la vulnerabilidad, el miedo a no ser suficientes, el peso de representar a muchas cuando apenas nos sostenemos a nosotras mismas.

    Aprendimos a hablar técnicamente, a llegar a los espacios con argumentos sólidos, a liderar. Pero también aprendimos que liderar cansa, que cuando una llega a un espacio, no llega sola: llega abriendo camino para otras. Y ese privilegio pesa. Porque sientes que tienes que rendir el doble o el triple, porque nadie se parece a ti en ese lugar, y porque cualquier error parece confirmarle al mundo que nunca debiste estar ahí. Ese es el escalón de cristal: subes, y aun cuando logras sostenerte, sabes que puede quebrarse en cualquier momento. Y que lo que más admiran de nosotras es la resiliencia, como si ser fuerte todo el tiempo no agotara, como si no fuera legítimo querer parar.

    Por eso la amistad ha sido mi forma de sostener la vida. Pienso en mis amigas de la universidad: Diana, Maris, Lucy, Fernando. Sin ellas, muchas cosas no habrían sido posibles. Pienso en mis amigas discas, en Guatemala y en otros países: Silvita, siempre maestra; Majo, con esa claridad firme que te ordena el mundo cuando todo parece disperso; Andreita, con ese amor platónico por Cobán que aparece incluso en medio de los pasillos del Congreso, recordándonos que la política también se habita con ternura; Isela, con su capacidad de cuidar y su amor profundo por la naturaleza; Pahola, tan coherente incluso en lo inexplicable, como no amar las flores y aun así enseñarme otras formas de belleza; Mariale, creativa hasta el hueso, capaz de convertir una roca en una estrella; mi Marce, mi amiga libre, la que me recuerda que no todo tiene que ser explicado ni justificado; Erika y Dina, juntas, sosteniendo este espacio desde el que hoy escribo; Flory, mujer indígena con discapacidad, de quien he aprendido a la distancia, con quien me he reído y también he atravesado crisis, y a quien sigo reconociendo como una gran maestra y una buena amiga. Pienso en Valentina, una de esas aliadas excepcionales que no abundan, con quien el cariño persiste porque hay escucha y comprensión real. Pienso en Juliana, que cree en las ideas y en nuestro potencial. Pienso en Josías y en Juan José, compañeros de luchas, de preocupaciones, de conversaciones honestas. Todos súper estrellas y, a veces, estrellados.

    También pienso en Claudia, la persona que por primera vez me enseñó que era posible soñar con un mundo donde yo no tuviera que adaptarme, sino donde el mundo se adaptara para mí. La que me dio la lección más grande de derechos humanos: respetar la diversidad. La que, aunque ya no soy su alumna y haya pasado el tiempo, sigue pendiente de mí desde lejos, cuidando mi corazón, cercana de una manera silenciosa y profunda.

    Pienso en Thanali, ese abrazo que no sabía que necesitaba, con quien me divierto picando postres riquísimos y escuchando historias de su vida secreta como costurera. Pienso en el profe Alberto y en Angélica, en esas salidas a bailar en medio de meses de rehabilitación, en la miss que me enseñó técnicas para el hogar y también a plancharme el pelo, porque era lo que yo quería ser y hacer.

    En este recorrido también está mi maternidad. Gestar a Mateo y a Marcela, y sentir cómo el amor se transforma. Staly, Steve, Sebastián llegando con un corral para mis bebés. Ese baby shower que parecía más un bautizo, con más cervezas que juegos, y que aún me hace reír. Jugar, subir volcanes, llevar textos a Gabriel y a Carlitos para que se volvieran digitales. Dar vueltas y más vueltas para que aprobaran el Tratado de Marrakech en el Congreso, subir las gradas hasta uno de los palcos, llegar tarde porque esperamos a Joaquín y descubrir que ya estaba aprobado. Y entender, una vez más, que lo que no es accesible nos hace llegar tarde, pero no nos quita la capacidad de disfrutar, de celebrar, de gozar lo conquistado.

    El 2025 fue un año especialmente duro. Perdí a mi papá, mi gran amor. Todavía hay días en los que no me encuentro del todo. Y, otra vez, fueron mis amigas las que estuvieron ahí: llamadas largas, comidas compartidas, cafecitos, incluso viajes. Nada de eso es casualidad. Es el resultado de una amistad que se ha ido tejiendo con el tiempo, con paciencia, con cuidado.

    Sé que estoy privilegiada. Privilegiada por haber encontrado redes, afectos, maestras, compañeras, aliadas. Privilegiada por haber sido sostenida cuando muchas otras no lo han sido. Reconocerlo no me aleja de la lucha; me compromete más con ella.

    Hoy escribo desde este espacio que es de mis amigas, de quienes conectan tejiendo redes de inclusión. Y escribo porque aquí tengo permiso de ser yo: Zilpa, la mujer, la persona, la humana. La que no necesita demostrar resiliencia todo el tiempo. La que reconoce sus privilegios, pero también sabe que, incluso desde ellos, el escalón de cristal sigue existiendo.

    Tal vez de eso se trate este hilo rojo: no de llegar intactas, sino de no soltarnos. De entender que es mucho más lo que nos une en el movimiento disca, que lo que nos separa. De construir comunidad desde la amistad. De seguir, incluso cuando estamos cansadas. De permitirnos ser vulnerables. De sostenernos, una y otra vez, mientras seguimos tejiendo.

    “Pensar la vida, incluso cuando duele, también es una forma de cuidado, porque lo personal sigue siendo político.”

    Autora: Zilpa Arriola

  • Décima Legislatura: ¿y la Ley de Personas con Discapacidad para cuándo?

    Décima Legislatura: ¿y la Ley de Personas con Discapacidad para cuándo?

    Las semillas están sobre la mesa, construyamos juntos la primavera de los derechos humanos.

    Hemos sembrado propuestas, hemos entregado insumos y hemos planteado soluciones reales. Desde las organizaciones de personas con discapacidad, hemos trabajado durante años para que en Guatemala exista una legislación que garantice nuestros derechos, no que nos mantenga en la dependencia. Pero las semillas de esta legislación aún no germinan en el Congreso.

    ¿Cuánto más debemos esperar para que florezca la primavera de los derechos humanos para las personas con discapacidad?

    La 10ª Legislatura tiene en sus manos la oportunidad de cambiar la historia. Pero el tiempo sigue corriendo. El año pasado, la Comisión de Asuntos sobre Discapacidad del Congreso anunció que estaba trabajando en una Ley Marco, pero hasta ahora nadie conoce su contenido ni ha sido socializada con quienes vivimos la discapacidad todos los días.

    Mientras tanto, en nuestros colectivos y organizaciones, hemos construido propuestas concretas, diseñadas desde nuestra experiencia y nuestras necesidades reales. Pero si el Congreso legisla sin nosotras y nosotros, esta ley será otro documento vacío, otra lista de intenciones que no transformará vidas.

    Esta legislación no puede escribirse sin nuestras voces. No puede convertirse en otra carta de ofrecimientos del Estado, donde se determine lo que ‘puede’ o ‘quiere’ dar. Debe ser una ley que refleje lo que exigimos y necesitamos para vivir con dignidad, sin barreras ni exclusiones.

    Construyamos juntos: una triple alianza para la inclusión

    No podemos avanzar sin la participación de tres actores clave:

    1. Nosotras y nosotros, las personas con discapacidad y nuestras organizaciones, porque conocemos la realidad de las barreras y también las soluciones.
    2. El Congreso de la República, porque es su responsabilidad legislar con conocimiento, con participación y con el compromiso de transformar la realidad de nuestro país.
    3. El Consejo Nacional para la Atención de las Personas con Discapacidad (Conadi), porque es su momento de modernizarse y convertirse en el puente entre la ciudadanía y el Estado, garantizando que esta ley no sea una imposición, sino un proceso de construcción colectiva.

    Diputadas y diputados, Conadi, organizaciones de personas con discapacidad: es momento de sentarnos juntos a la mesa y construir una ley que nos pertenezca a todas y todos.

    Las cifras no mienten: necesitamos una legislación con impacto real

    La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI) y la Segunda Revista de Datos Estadísticos de Guatemala (2024) dejan claro que sin una legislación efectiva, las personas con discapacidad seguirán siendo una de las poblaciones más excluidas del país:

    • 🔴 Educación: Más del 50% de las personas con discapacidad en algunos departamentos no saben leer ni escribir. Sin educación, nuestras posibilidades de inclusión social y laboral son mínimas.
    • 🔴 Trabajo: La falta de accesibilidad en los espacios laborales y la ausencia de ajustes razonables dejan a miles de personas con discapacidad sin oportunidades económicas.
    • 🔴 Violencia: El 56% de las mujeres con discapacidad ha sido víctima de violencia a lo largo de su vida. Muchas de nosotras no denunciamos porque no hay protocolos accesibles, no hay refugios adaptados y el sistema de justicia no responde a nuestras necesidades.
    • 🔴 Pobreza y exclusión: ENCOVI señala que las personas con discapacidad tienen menor acceso a servicios básicos y enfrentan mayores dificultades económicas que el resto de la población.

    No podemos seguir postergando la deuda histórica con nuestras vidas. Necesitamos una ley que garantice nuestro acceso a apoyos, educación, empleo y justicia.

    Diputadas y diputados: es su momento de hacer historia

    No se trata solo de presentar una ley. Se trata de garantizar que esta legislación refleje nuestras necesidades reales y no reproduzca un modelo asistencialista que nos excluye y nos infantiliza. Para lograrlo, esta ley debe:

    • ✅ Reconocer el acceso a apoyos como un derecho, no como un favor.
    • ✅ Garantizar nuestra autonomía con mecanismos efectivos de apoyo.
    • ✅ Asegurar nuestra plena participación política, social y económica.
    • ✅ Eliminar el modelo asistencialista que nos mantiene en la dependencia.
    • ✅ Tener un enfoque de género sólido, protegiendo a las mujeres con discapacidad de la violencia estructural.

    Las semillas están sobre la mesa. Nosotras y nosotros hemos hecho nuestra parte. Ahora le toca al Congreso.

    ¿Dónde están las diputadas y diputados que levantarán la voz y dirán #YoMeSumo?

    ¿Dónde está la bancada que hará de la inclusión su compromiso?

    Diputadas y diputados, presenten la ley. Construyámosla juntos.

  • La Importancia de la Autonomía y la Vida Independiente

    La Importancia de la Autonomía y la Vida Independiente

    Uno de los mayores retos que enfrentan las personas con discapacidad es la lucha por la autonomía y la vida independiente.

    A lo largo de la historia, muchas han sido relegadas a roles de dependencia, con poca participación en la toma de decisiones sobre sus propias vidas.

    Sin embargo, la autonomía es un derecho, no un privilegio.

  • El Derecho al Trabajo y la Inclusión Laboral

    El Derecho al Trabajo y la Inclusión Laboral

    El acceso al empleo es un derecho fundamental, pero muchas personas con discapacidad siguen enfrentando barreras para ingresar y mantenerse en el mercado laboral.

    La falta de oportunidades, los prejuicios y la poca accesibilidad en los entornos de trabajo son algunos de los desafíos más comunes.

  • Accesibilidad: Más Allá de la Infraestructura

    Accesibilidad: Más Allá de la Infraestructura

    Cuando se habla de accesibilidad, muchas veces se piensa en rampas y ascensores.

    Sin embargo, la accesibilidad va mucho más allá de la infraestructura física.

    Se trata de un principio fundamental que debe aplicarse en todos los ámbitos de la sociedad.

    La accesibilidad digital es un área clave en el mundo actual.

    Sitios web, aplicaciones y plataformas en línea deben diseñarse pensando en la diversidad de usuarios.

  • El Activismo Digital como Herramienta de Cambio Social

    El Activismo Digital como Herramienta de Cambio Social

    Las redes sociales y las plataformas digitales se han convertido en espacios fundamentales para la incidencia social.

    A través de ellas, las personas con discapacidad han encontrado una vía para visibilizar sus derechos, compartir experiencias y generar cambios en la sociedad.

    El activismo digital permite amplificar voces que históricamente han sido silenciadas.

    Campañas, hashtags y videos virales han logrado poner en agenda temas como accesibilidad, educación inclusiva y derechos laborales para personas con discapacidad.

    Estas estrategias han demostrado que el mundo digital es una herramienta poderosa para la transformación social.

  • El Rol de la Educación en la Construcción de Sociedades Inclusivas

    El Rol de la Educación en la Construcción de Sociedades Inclusivas

    La educación es una de las herramientas más poderosas para transformar sociedades.

    Sin embargo, los sistemas educativos aún presentan múltiples barreras que excluyen a las personas con discapacidad.

    Para construir un mundo más justo, es fundamental repensar la educación desde un enfoque inclusivo, accesible y equitativo.

    Uno de los principales desafíos es garantizar que los espacios educativos sean accesibles tanto en infraestructura como en metodologías.

    Esto implica eliminar barreras físicas, pero también asegurar materiales didácticos en formatos accesibles como braille, audiolibros o lectura fácil.

    La accesibilidad debe ser un derecho, no un privilegio.

    El papel de los docentes también es clave en este proceso.

    Es necesario que cuenten con herramientas para fomentar una educación basada en la diversidad, donde cada estudiante reciba el apoyo necesario para su aprendizaje.

    La capacitación en educación inclusiva debería ser un pilar dentro de la formación docente.

    Otro punto fundamental es el aprendizaje colaborativo.

    Los modelos educativos que promueven la cooperación entre estudiantes con y sin discapacidad generan entornos de respeto y enriquecimiento mutuo.

    La inclusión en las aulas no solo beneficia a quienes enfrentan barreras, sino que fortalece valores esenciales en toda la comunidad educativa.

    En última instancia, la educación inclusiva no solo impacta a las personas con discapacidad, sino que enriquece a toda la sociedad.

    Un sistema que abraza la diversidad y elimina barreras contribuye a la construcción de comunidades más empáticas, solidarias y equitativas.

  • El Poder de las Narrativas en la Inclusión

    El Poder de las Narrativas en la Inclusión

    Las historias que contamos y cómo las contamos tienen un impacto profundo en la percepción social de la discapacidad.

    Durante siglos, las personas con discapacidad han sido representadas bajo narrativas de superación o dependencia, dejando de lado su diversidad y autonomía.

    Sin embargo, en la actualidad, cada vez más voces emergen para desafiar estos relatos y construir nuevas perspectivas más inclusivas y realistas.

    Las narrativas transformadoras permiten visibilizar la discapacidad desde un enfoque de derechos y no de caridad.

    La representación en los medios de comunicación, el arte y la literatura juega un papel clave en esta resignificación.

    Las narrativas transformadoras permiten visibilizar la discapacidad desde un enfoque de derechos y no de caridad.

    La representación en los medios de comunicación, el arte y la literatura juega un papel clave en esta resignificación.

    A través de testimonios y experiencias propias, las personas con discapacidad han comenzado a apropiarse de su historia y a cambiar la forma en que la sociedad las percibe.

    Un aspecto esencial en este cambio es la participación activa de quienes han sido históricamente excluidos.

    No se trata solo de contar historias sobre discapacidad, sino de garantizar que sean las mismas personas con discapacidad quienes lideren la conversación.

    Escuchar, amplificar y dar espacio a sus voces es fundamental para lograr un cambio real.

    Además, el lenguaje que utilizamos tiene un impacto significativo en las percepciones sociales.

    Expresiones como «persona con discapacidad» en lugar de «discapacitado» reflejan una visión más inclusiva, reconociendo la identidad más allá de la condición.

    Pequeños cambios lingüísticos pueden contribuir a la construcción de un mundo más equitativo.

    En última instancia, resignificar las narrativas es una estrategia de empoderamiento.

    A través del arte, la educación y la incidencia política, podemos transformar los discursos tradicionales y generar una sociedad donde la diversidad sea celebrada en lugar de marginada.